viernes, 26 de septiembre de 2025

Austero resumen de pérdidas y abandonos

 Por: Carlos Espinosa Domínguez

Publicado originalmente en: Cubaencuentro (06/10/2023)

 


En una entrevista que le hice a Reinaldo Arenas la última vez que vino a España, le pregunté qué aspectos positivos y qué aspectos negativos había tenido para él el exilio. Copio a continuación parte de su respuesta:

“El exilio nos da una profundidad para trabajar, y en el caso del exilio político, como en el fondo lo son casi todos, nos da la libertad de escribir sin mordazas. No nos vamos de nuestra patria porque nos guste marcharnos, sino porque no nos queda otro remedio. La página en blanco pasa a ser entonces nuestra patria, y tenemos que llenarla donde sea. Y la vamos llenando en una tierra donde, por lo menos, no somos perseguidos políticos.

“(…) Lo negativo, en cambio, es el precio tan alto que debemos pagar. Un exiliado es, en el mejor de los casos, una sombra. Cuando yo me paseo por el malecón de Cádiz o visito el Museo del Prado, hay dos personas: una sombra que está paseando o visitando esos lugares y otra persona que fui yo, que se quedó en Cuba y que me está llamando, reclamando. Un exiliado nunca podrá recuperar su total autenticidad. Imposible. Estamos hechos de un conjunto de connotaciones y referencias a una época y a un país, el nuestro, con las cuales nos vamos a seguir relacionando a través de la memoria. Un exiliado es una persona que vive en las sombras; su verdadera luz está en la patria que dejó.

“De manera que aunque es una experiencia saludable para la creación, porque posibilita un proceso de decantación y objetivación de la obra literaria, el exilio es, desde el punto de vista humano, una experiencia cruel. Quizás por serlo, uno, para no enloquecer, para tratar de sobrevivir y recuperar algo de lo perdido, continúa escribiendo. Pero te repito, el precio que hay que pagar es desmesurado”.

He vuelto a esas palabras porque me las hizo traer a la memoria la lectura del poemario Casa que ya no es mía (Editorial Betania, Madrid, 2023, 87 páginas), de Carlos Ramos Gutiérrez (Remedios, 1986). Eso se explica porque en los textos que lo integran, el exilio constituye su médula y su motivo principal. A ello se refiere en la introducción Santiago Méndez Alpízar, quien hace notar que la revolución contribuyó a engrosar sobremanera el fenómeno de la diáspora: “Miles de puntos en los más distantes rincones del orbe. Puntos que luego, muchos, regresan al núcleo, al paisaje que solamente sobrevive en la memoria, sin embargo”.

Ya desde el poema abre el libro, el sujeto poético que se expresa en primera persona enfrenta el “austero resumen de pérdidas” que ha sido el precio que debió pagar: “La casa donde yo nací ya no es mi casa:/ tiene nuevos propietarios/ y ciertas modificaciones/ en la estructura/ y la decoración.// Calle Concordia,/ Número 59.// Han removido/ los azulejos rosados de la acera,/ y han cambiado los viejos faroles/ por otros más modernos”.

Estamos ante un testimonio de fracturas y abandonos que Ramos Gutiérrez plasma con un tono reposado y una amarga serenidad: “Ayer no puede evitar/ al pasar frente a mi casa —que ya no es mía—/ que algo se apretara allí,/ en la garganta y en el pecho./ Pensé que un hombre/ debería conservar a cualquier costo/ la casa que ha heredado de sus padres,/ de los padres de sus padres…/ y algún día dejarla como herencia/ a sus hijos./ Mas no fue posible conservar aquella,/ fue necesario venderla para pagar/ un pasaporte,/ una visa al ‘País de las Maravillas’/ donde no tenemos casa”.

 

Ilustración interior del libro, del artista Yunier Gómez Torres 

 

La ciudad de la cual, como Lot, se fue

Ese sentimiento de que nada de lo que queda es suyo, experimentado por él al regresar, lo invade de igual modo al recorrer el barrio donde creció: “Los niños que están corriendo/ por las calles donde tantas veces/ corrí no conocen mi nombre,/ nunca serán mis amigos./ Como ya nada nunca será mío en esta vieja ciudad”. Quienes eran sus vecinos, asimismo, ahora viven “en una nueva casa/ de otro barrio de otro pueblo,/ en algún lugar del mundo;/ ya no nos queda en común/ ni el código postal./ Muchos tienen/ nuevos nombres, familia/ y nacionalidades./ Y hasta resulta difícil/ acordarse de ellos/ cuando te los tropiezas/ —de casualidad—/ una tarde en Facebook”.

Ni siquiera, como contempla con desconsuelo, la ciudad de la cual él se fue, como Lot, es hoy la misma. A veces estrena “un vestido/ se maquilla/ tiñe de vivos colores/ sus rebeldes canas”. Pero nada consigue ocultar que está sumida en el cansancio que supone oponerle resistencia al tiempo, tratar de mantenerse intacta, hacer lo posible por rehacer los pórticos y las añoranzas que fue perdiendo. A lo sumo, lo único que logra se reduce “a veces olvidar/ que es vieja ya/ —y culpable—/ como sus hijos”.

A lo largo del poemario hallamos numerosas frases pertenecientes a la Biblia. Alude a ello Méndez Alpízar, al apuntar que Ramos Gutiérrez encuentra esas referencias sagradas para “enderezar el rumbo”. Pero una vez alcanzada la tierra prometida, se revela la dura realidad del exilio: “es la vaga sensación de que tus palabras son menos firmes y que de un momento a otro pudieras salir volando arrastrado por un viento de cuaresma porque no tienes raíces”. De igual modo, la ciudad donde ahora vive ese sujeto poético con claro sesgo autobiográfico no es la que lo engendró, no fue la ostra dentro de la cual estuvo protegido. Por tanto, esa nunca será su ciudad, como tampoco podrá serlo aquella que abandonó.

En el último de los siete bloques en que está distribuido el libro, figura un poema titulado “Autorretrato con Miami de fondo”, donde se lee: “La casa donde vivo no es mi casa:/ tengo que pagar por ella/ una mensualidad.// El mes pasado quise hacer/ ciertas modificaciones/ en la estructura/ y la decoración,/ mas no me fue posible,/ no estuvo de acuerdo en ello/ mi arrendador:/ el propietario/ de la casa donde vivo”. Nada de lo que hay en ella tampoco es suyo, salvo unos pocos libros que pudo traer en una bolsa zurcida, cuando cruzaba fronteras y perseguía sueños.

De estos últimos, hay uno que no se perdió en el camino y que hasta hoy mantiene: “si no fuera tan alta la mensualidad que tengo que pagar por la casa donde vivo quizás pudiera comenzar a hacer algunos ahorros y acaso con un poquito de suerte en el curso de unos años tal vez llegara a reunir lo suficiente para comprar una casa en un barrio de algún pueblo en algún lugar del mundo acaso aquella de la calle Concordia número 59”.

En los numerosos fragmentos que he reproducido, resulta evidente que la de Ramos Gutiérrez es una poesía de carácter confesional, que va enlazada con un sondeo interior. En Casa que ya no es mía, su autor se zambulle en un asunto complejo y lo trata con fina sensibilidad e inteligencia. Sus textos son sosegados en la superficie, pero doloridos por debajo. Solo que ese dolor nunca se exterioriza, porque no es plañidero ni imprecativo. Esas páginas poseen además un registro indispensable en el discurso poético: la emoción. Sin embargo, eso no las lleva a caer en la emotividad ni en el sentimentalismo. Ramos Gutiérrez lo consigue, entre otras razones, porque en sus poemas la emoción está atemperada con una apacible melancolía. Asimismo, porque se dirige a los lectores de modo directo y cálido. Busca la comunicación, pero no la devalúa con fórmulas banales. Para ello, opta por una escritura serena, de deliberada transparencia y de sonoridad elegante.

Considero pertinente decir que, aunque el exilio permea casi todo el libro, este no es monocorde y reserva lugar para otros asuntos. Así, el amor está muy presente en la sección titulada No quiero despertar, pues la mañana… Que la alforja temática de Ramos Gutiérrez es más acogedora, lo acreditan textos como “Plegaria a mi cuerpo joven”, “Últimas horas de Virginia Woolf”, “Conversación con Bukowski”, “Paisaje”, “Embarque a Kythera”. Y, en fin, quienes se adentren en las páginas del libro objeto de estas líneas hallarán otros más.

Libro que se lee de un sorbo, Casa que ya no es mía se distingue por un sostenido aliento y una coherencia que lo sitúan por encima de la calidad media de buena parte de la poesía cubana que hoy se escribe. Lo firma un poeta con entidad, que merece —y ojalá la reciba— mayor atención.

 

*** Casa que ya no es mía está disponible en Amazon: https://www.amazon.com/dp/848017451X

  

 

lunes, 24 de febrero de 2025

Invitación al encuentro con Antonia Eiriz, en el Museo Americano de la Diáspora Cubana

Cuando estudiaba en la universidad, en las clases de arte cubano, conocí la obra de una artista llamada Antonia Eiriz (La Habana, 1929 – Miami, 1995). Había en aquellos cuadros (que conocí por fotos) algo que, de algún modo, se comunicaba directamente con mi sensibilidad. Como si de pronto aquellos cuadros (las fotos de aquellos cuadros) tuvieran manos y puños, y fuesen capaces de darme una bofetada. Porque de eso se trata el buen arte: de la capacidad de golpear, de conmover, de poner nuestro mundo patas arriba, de provocar dolor y risa y llanto... o cualquier otra cosa, menos indiferencia. Porque nadie puede permanecer indiferente ante el buen arte. Y había también en esos cuadros una especie de “grito” que, aunque distante del de Edvard Munch, no era menos conmovedor o poderoso.

Dos de las obras que estudiamos fueron “La anunciación” y “La muerte en pelotas”. Claro que una cosa es conocer esa obra por fotos, y otra muy diferente es tener los originales delante, abofeteándote ahora de verdad. Y eso fue lo que pasó cuando entré por primera vez al Museo Nacional de Bellas Artes, sala de Arte Cubano. Tener enfrente esa obra descomunal (en cuanto a proporciones y maestría técnica) que es “La muerte en pelotas” es una sensación que, sencillamente, hay que vivirla para poder comprender. Desde aquel momento Antonia Eiriz se convirtió en una de mis artistas favoritas de la plástica cubana (el otro es Fidelio Ponce).

Luego en La Habana, cuando estudiaba en el Centro de Formación Literaria "Onelio Jorge Cardoso", muchas veces nos llevaban a almorzar al Ministerio de Cultura. Había en el comedor del Ministerio de Cultura una obra (no recuerdo si era un original o una impresión en tela) de Antonia Eiriz. De cualquier modo, no podía evitar cuestionarme que la obra de Eiriz era demasiado grande para terminar de cortina de un comedor obrero. Fue allí cuando escuché por primera vez que Antonia Eiriz era coja, pero lo había olvidado, y me lo acaba de recordar un buen amigo (Raúl Dopico) que es una especie de enciclopedia del arte cubano. 


Ahora bien, muchas de esas obras, que por suerte lograron escapar de nuestra isla - y digo "lograron escapar", consciente de que estoy usando un recurso literario llamado "personificación" y que consiste en atribuir a objetos o cosas cualidades humanas, porque soy del criterio que las obras de arte tienen vida propia, incluso más allá de la voluntad de su autor - ahora se exponen en Miami, en el Museo Americano de la Diáspora Cubana (https://thecuban.org/antonia-eiriz-in-the-eye-of-the-sibylin-the-eye-of-the-sibyl/). La exposición, titulada “ANTONIA EIRIZ: EL OJO DE LA SIBILA” y curada por Janet Batet, reúne 20 obras, muchas de las cuales forman parte de colecciones privadas y algunas, nunca antes habían sido expuestas. La muestra, abierta al público hasta el mes de abril, se inspira en el ensayo de Batet “En el ojo de la Sibila”, que nos presenta a Eiriz como una figura oracular, cuya obra interrumpe, critica y da testimonio de las realidades opresivas de su tiempo. Al igual que la mitológica Sibila, que predecía los eventos con inquietante claridad, el arte de Eiriz actúa como reflejo y advertencia, revelando la desilusión, la represión y la violencia que se ocultaban bajo la retórica de la entonces joven revolución cubana. "El trabajo de Eiriz no solo es un espejo de su propio trauma, sino también una herida colectiva que resuena con muchas voces de Cuba y de la diáspora", explica Batet, y añade: “su respuesta a la censura no fue el silencio, sino una reconfiguración de su práctica, que habla de resiliencia, adaptabilidad y desafío”. 

Dicho esto, solo nos resta invitar a los amantes del arte – del buen arte – a no perder esta oportunidad, tal vez única, de apreciar de cerca la obra de una artista capaz de golpear, de conmover, de poner nuestro mundo patas arriba, de provocar dolor y risa y llanto... o cualquier otra cosa, menos indiferencia.

 

                                                                Carlos Ramos Gutiérrez

Miami, 20 de febrero, 2025

                                                              


domingo, 16 de enero de 2022

UNO DE VOSOTROS ME TRAICIONARÁ: APROXIMACIONES A LA ESTÉTICA DE YUNIER GOMEZ TORRES

 

Amor es apretarse a la cruz, 

y clavarse a la cruz, 

y morir y resucitar ... 

¡Amor es resucitar!

DULCE MARÍA LOYNAZ


En el principio, la ciudad no era más que un lienzo en blanco, un susurro apenas perceptible, un corazón sin sangre ni latido. Entonces él llegó, pincel en mano, y conjuró a los más indómitos colores, y comenzó a perfilar las estructuras, los cimientos… las primeras siluetas de los que sería la ciudad. Con líneas descuidadas y sin proporciones precisas, sembró de flores mustias y seres perturbados los barrios y periferias. A lo lejos, el horizonte es un paisaje hostil, portador de sombríos presagios; al interior de la habitación, los espectros y el aire putrefacto carcomen las paredes. Afuera se escucha el rugido de un tren, el lamento de una vieja, la desesperación del otoño… el suicidio de las golondrinas. La ciudad se rige por principios antidialécticos, por una acumulación de azares e imprevistos que muy lejos están de someterse a la razón o la lógica. Es por ello que se hace imprescindible la negación de todo lo aprendido para lograr adentrarse en los callejones y vericuetos de la ciudad: universo visual del artista Yunier Gómez Torres (Remedios, Cuba, 1982). Una ciudad erigida desde la ingenuidad y la irreverencia y en la que, tras cada esquina, a cada golpe de pincel, el artista encuentra el modo de exorcizar sus demonios, o de emitir – como preferiría Walt Whitman – sus “alaridos por los techos de este mundo”. Y algunas de las escenas cotidianas, por su intensa carga emotiva y su hiriente expresionismo, puedieran resultar bofetadas a la vista del expectador. El tatuaje de un preso, la frase que un niño rayó sobre la mesa de su escuela… hasta un versículo de la Biblia… todo es útil materia prima para el universo visual del artista. Por eso el título de esta nueva muestra: “Uno de vosotros me traicionará”. Aunque, en este caso específico, atendiendo a la cosmovisión personal de Gómez Torres, tendría más sentido adjudicar la cita a un gángster o al jefe de una banda de narcotraficantes, que a un profeta o líder religioso. Recuerdo una obra suya que empleaba como soporte varias piezas de ropa interior de prostitutas, o cuando comenzó a poblar los postes de la electricidad de su natal Remedios con personajes marginales, venidos a menos, antihéroes… pues es precisamente aquello que la sociedad desecha lo que interesa a este creador para esbozar su dramaturgia y nutrir su ciudad. Alguien me dijo una vez que el buen arte está hecho de carroña humana y, por si quedaran dudas, allí está la obra de Yunier para probarlo. Hay en ella – acaso sin pretenderlo – un elocuente ejemplo de antropología visual. 

En un bar de París, Yunier escuchó a un tal Pablo Picasso hablar de arte moderno… al pie de la montaña Hohentwiel, se batió a los puños con Otto Dix… y en una Factoría de Union Square, le propinó tres disparos a Andy Warhol. Y es que Yunier no deja de ser ese niño rebelde que a cada instante se reinventa, se rebela contra toda técnica preestablecida, contra sus maestros e, incluso, contra sí mismo. Morir y resucitar, eso es lo que hace con cada nueva muestra. Pues, a fin de cuentas, crear no es más que eso: morir y resucitar. 

Carlos Ramos Gutierrez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


lunes, 2 de agosto de 2021

Cantante Johnny García estrena su disco “Por las Calles de tus Ojos”

 

Por: Carlos Ramos Gutierrez

 



El cantante de origen cubano Johnny García, radicado en Tenerife, estrena en este mes de agosto su segundo disco, titulado “Por las Calles de tus Ojos”. Se trata, en esta ocasión, de un trabajo que fusiona géneros musicales de su Isla caribeña con sonoridades españolas y universales.

Johnny García nació en San Juan de los Remedios, una pequeña villa del centro de Cuba, fundada en mil quinientos trece por emigrantes españoles. Desde muy pequeño estudió música en conservatorios de su provincia natal y, en el año 2012, se trasladó a la capital cubana para continuar sus estudios, de la mano de los más reconocidos profesionales del país. Se vinculó a la agrupación “Aceituna sin Hueso”, que fusiona el flamenco con géneros más contemporáneos como el pop y el reggae. Compartió escenarios con la más joven generación de trovadores cubanos. En el año 2014, se radicó en Tenerife, donde continuaría su carrera como cantante, nutriéndose de las influencias de artistas y agrupaciones locales.  

“Por las Calles de tus Ojos” es un disco en el que se evidencia la evolución musical-artística de este joven cantante y las influencias que lo han marcado a lo largo de su carrera. Cuenta con la producción musical de José Luis Amaya (bajista) y la participación de músicos consagrados como Lester Conde (guitarra), Jairo Hernández (piano), Yoandry Vera (trompeta), Nicolás Evangelista (percusión), entre otros.

“Canción para la Abuela”, primer sencillo del disco, deviene una oda a la mujer española que emigró hacia Latinoamérica, para comenzar allá una nueva vida, crear una familia, aportar sus tradiciones y, al mismo tiempo, asimilar una nueva cultura e insertarse en una nueva sociedad; sin perder nunca la añoranza por su terruño natal. Por otra parte, “Never More” (segundo sencillo del disco), constituye un homenaje al poeta norteamericano Edgar Allan Poe y, específicamente, a su poema “El Cuervo”. Con un arreglo en el que no pasa desapercibido cierto guiño hacia el jazz latino, la canción dialoga con un clásico de la poesía universal.

“Por las Calles de tus Ojos”, el nuevo disco de Johnny García, se estrenará simultáneamente en España, Cuba, República Dominicana, México, Ecuador y Estados Unidos. Su primer sencillo, “Canción para la Abuela”, ya se escucha en emisoras de radio, y es acogido con ovaciones por el público y la crítica.

lunes, 15 de marzo de 2021

LUIS BARBARAN: REFLECTIONS OF THE SOUL

 

En una habitación de hotel, en una choza de los arrabales, en una mansión lujosa… y en este preciso instante… una mujer está llorando. Inconsolablemente llora, cubierta bajo el oscuro manto de una noche infinita, sola. Es la misma mujer que esta tarde posteara en su cuenta de Instagram una “selfie” para restregar su belleza ante los ojos del mundo, para obtener miles de “like” y, acaso de ese modo, apaciguar por un rato a la soledad profunda que es su acerbo y su morada. Pero a esta hora de la noche los miles de “like” no alcanzan para acallar los aullidos de la soledad profunda, y no alcanzan tampoco para contener las lágrimas que se escapan a borbotones de unos ojos ya cansados, de un pecho roto. Y es también esa mujer, esa “selfie” de Instagram, esa soledad profunda bajo la noche infinita… lo que nos convida a contemplar el artista colombiano Luis Barbaran en su nueva exposición personal “Reflections Of The Soul” (Reflejos del alma). Se trata, en esta ocasión, de una serie de retratos inspirados en las glamurosas y sensuales modelos de la fotografía contemporánea, en los que no pasa desapercibido cierto guiño hacia la obra de los retratistas clásicos. El particular empleo de la pincelada, así como el tratamiento del color y la textura, dotan de espontaneidad y aire moderno al trabajo de Barbaran. El artista parece dotado de ese don divino, capacidad de penetrar hasta lo más recóndito del alma humana. Captar las esencias que habitan detrás de un perfecto maquillaje, un vestido caro de diseñador, un collar de diamantes… Y exponer, ante los ojos inquisidores del espectador, esa verdad inherente a la naturaleza humana.


                                                           Spirit (2020). Óleo sobre lienzo. (48"x36")

“Reflections Of The Soul” (Reflejos del alma), la nueva exposición personal del artista Luis Barbaran es, en primera y última instancias, un canto a la vida y la belleza, un grito desesperado… una invitación. Una herida en el oscuro manto de la noche infinita, a través de la cual, los ojos inquisidores del espectador se asoman, para descubrir atónitos que en una habitación de hotel, en una choza de los arrabales, en una mansión lujosa… y en este preciso instante… una mujer está llorando.

                                                         Ophelia (2020). Óleo sobre lienzo. (30"x24")

 CARLOS RAMOS GUTIERREZ

Instagram: @carlos_ramos_author


domingo, 2 de febrero de 2020

Yunier Gómez Torres. Seventeen Years


Es preciso despojarse de prejuicios e ideas preconcebidas con respecto al arte. Es necesario dejar afuera la decencia y el sentido común. Desvestirse de posturas moralizantes o burocráticas. Se hace imprescindible la negación de todo lo aprendido para lograr adentrarse en el universo visual del artista Yunier Gómez Torres (Remedios, Cuba, 1982). Es este un universo caótico en el que no existe lugar para la razón o la lógica. Los personajes que lo pueblan (marginados, antihéroes, venidos a menos...)  configuran una narrativa muy cercana al realismo sucio que con maestría recrea en sus novelas y cuentos el autor norteamericano Charles Bukowski.   
En “Seventeen Years”, su nueva exposición personal, Yunier nos sorprende con la incorporación de una iconografía nunca antes abordada en su obra. “Mi casa ha sido tomada por las flores”. Mas no son estas las flores que saldría a comprar la señora Dalloway de Virginia Woolf. No son tampoco los girasoles de Van Gogh. Sin embargo, hay en ellas todo el dolor que intentaba ocultar Clarissa y toda la fuerza expresiva que nos roba el aliento al contemplar la obra del artista holandés. Las líneas sólidas y los colores vibrantes empleados en esta ocasión por Gómez Torres pueden a veces llegar a convertirse en bofetadas a la vista del expectador. Pero el artista se las arregla para lograr un equlibrio y no dejar al color que estalle en cada porción del espacio.  El ojo crítico y avezado será capaz de apreciar la madurez técnica y el oficio derrochados por el autor en cada uno de estos lienzos.  
Se ha dicho que la obra de Gómez Torres tiene influencias de la corriente pictórica Bad Painting cuyos máximos exponentes son Jean-Michel Basquiat y Julian Schnabel, de la tendencia llamada Neo-expresionista. Y creo que sería justo añadir, salvando las distancias, la influencia de la estética primitivista desarrollada por el artista cubano Julián Espinosa Rebollido, Wayacón. De estas y otras fuentes se ha nutrido Yunier, al tiempo que ha logrado hacerse de una voz propia. Una voz auténtica y original, que ha de tenerse en cuenta a la hora de configurar el complejo y diverso panorama del arte cubano contemporáneo. 
No vamos a decir que esta exposición marca la madurez del artista tras diecisiete años de carrera, porque Yunier no deja de ser ese niño rebelde que a cada instante se reinventa, se rebela contra toda técnica preestablecida, contra sus maestros e, incluso, contra sí mismo.  
Una advertencia se hace imprescindible aquí: NO PASE. Si no está dispuesto a perder algo, a sentirse vulnerable, a descubrir que algo se rompe allá adentro, en lo más profundo del ser... Dése la vuelta ahora y regrese a casa intacto. Si no lo hace, si se atreve a dar un paso más, asuma entonces las consecuencias. Es este un arte que desgarra y reta, y uno no vuelve a ser el mismo tras haber sido por él alcanzado.  
Si aún después  de esta advertencia seguimos dispuestos a asumir el riesgo. Despojados de prejuicios e ideas preconcebidas con respecto al arte, libres ya de la decencia y el sentido común. Desvestidos de posturas moralizantes o burocráticas y luego de haber negado todo lo aprendido, adentrémonos, pues, entre los parajes y recovecos que conforman el universo visual del artista Yunier Gómez Torres y apreciemos, con los ojos del alma bien abiertos, esta su muestra, “Seventeen Years”.  

domingo, 25 de noviembre de 2018

CAUSAS Y AZARES DE YUNIER GÓMEZ TORRES


Cuando acabe este verso que canto
yo no sé, yo no sé, madre mía
si me espera la paz o el espanto;
si el ahora o si el todavía. 
                                                                                                                                        Silvio Rodríguez 




Hace algunos días mis padres, desde Cuba, me contaron que en mi pueblo natal se acaba de detectar una cadena de SIDA con cuarenta y dos casos verificados hasta el momento. La noticia me dejó desconcertado, pensé en tantas personas conocidas, en amigos que crecieron a mi lado, en otros amigos, más jóvenes que yo… y me dijeron mis padres: hay muchos homosexuales involucrados, recuerda que siempre son ellos los más vulnerables a contagiarse. Pensé entonces en dos películas imprescindibles: Philadelphia (Jonathan Demme, 1993) y The Cure (Peter Horton, 1995). El protagonista de la primera, magistralmente interpretado por Tom Hanks, es un joven abogado, homosexual, contagiado con el VIH. El protagonista de la segunda es un niño que contrae el virus a causa de una transfusión sanguínea que no fue controlada.  Y pensé en una de las más recientes obras de mi amigo, el artista de la plástica Yunier Gómez Torres, titulada “Causas y azares”. E inevitablemente pensé en Julio Cortázar, y su teoría sobre la casualidad y la causalidad. 

Causas y azares es el título de una canción de Silvio Rodríguez:
Cuando Pedro salió a su ventana
no sabía, mi amor, no sabía
que la luz de esa clara mañana
era luz de su último día.
Y las causas lo fueron cercando
cotidianas, invisibles.
Y el azar se le iba enredando
poderoso, invencible.

Y este Pedro de la canción de Silvio pudiera ser uno de los “casos verificados” de mi pueblo natal. O bien pudiera ser uno de los personajes en la obra de Yunier.
Los inquisidores buscarán un culpable. Los escépticos culparán a Dios. Los cristianos alegarán que es causa del pecado. En cambio Yunier, como Silvio, nos convoca a pensar en que no siempre han de buscarse causas y culpables; en que hay también un espacio en que el azar teje sus redes y nos atrapa a todos: al abogado o al niño; al hijo del inquisidor o al sobrino del escéptico; a la madre del cristiano.
Causas y azares, de Yunier Gómez Torres, es también un canto a la vida. Y a la muerte. Un canto a la tolerancia. Y un llamado de atención a los escépticos e inquisidores, a los practicantes de cualquier religión o doctrina política. A todos nosotros, los vulnerables. Pues las causas (nos) andan cercando / cotidianas, invisibles. / Y el azar se (nos) viene enredando / poderoso, invencible.

                                                                                                                        Carlos Ramos Gutiérrez